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Wednesday, February 08, 2017

La muerte

Vivía en Bagdad un comerciante llamado Zaguir, hombre culto y juicioso. Tenía un joven sirviente Ahmed, a quien apreciaba mucho. Un día, mientras Ahmed paseaba por el mercado de tenderete en tenderete, se encontró con la muerte que le miraba de manera extraña. Asustado, echó a correr y no se detuvo hasta llegar a casa. Una vez allí le contó a su señor lo ocurrido y le pidió un caballo diciendo que se iría a Samarra, donde tenía unos parientes, para de ese modo escapar de la muerte. Zaguir no tuvo inconveniente en prestarle el caballo más veloz de su cuadra y se despidió diciéndole que si forzaba un poco la montura, podría llegar a Samarra esa misma noche.  Cuando Ahmed se hubo marchado, Zaguir se dirigió al mercado y al poco tiempo encontró a la muerte paseando por los bazares. - ¿Por qué has asustado a mi sirviente? -Preguntó a la muerte-. Tarde o temprano te lo vas a llevar, déjalo tranquilo mientras tanto. -No era mi intención asustarlo- se excusó ella, pero no pude ocultar la sorpresa que me causó verlo aquí, pues esta noche tengo una cita con él en Samarra.

La contradicción

Un discípulo preguntó a Hejasi: Quiero saber qué es lo más divertido de los seres humanos.
Hejasi contesto: Piensan siempre al contrario.
-Tienen prisa  por crecer, y después suspiran por la infancia perdida.
-Pierden la salud para tener dinero y después pierden  el dinero para tener salud.
-piensan tan ansiosamente en el futuro que descuidan el presente, y así, no viven ni el presente ni el futuro.

-Viven como si no fueran a morir nunca y mueren como si no hubiesen vivido.

La ira y la codicia

Una vez el sultán iba cabalgando por las calles de Estambul, rodeado de cortesanos y soldados. Todos los habitantes de la ciudad habían salido de sus casas para verle. Al pasar, todo el mundo le hacía una reverencia. Todos menos un derviche harapiento.
El sultán detuvo la procesión e hizo que trajeran al derviche ante él. Exigió saber por qué no se había inclinado como los demás.
El derviche contestó:
- Que toda esa gente se incline ante ti significa que todos ellos anhelan lo que tú tienes: dinero, poder, posición social. Gracias a Dios esas cosas ya no significan nada para mí. Así pues, ¿por qué habría de inclinarme ante ti, si tengo dos esclavos que son tus señores?
La muchedumbre contuvo la respiración y el sultán se puso blanco de cólera.
- ¿Qué quieres decir? - gritó.
- Mis dos esclavos, que son tus maestros, son la ira y la codicia - dijo el derviche tranquilamente.
Dándose cuenta de que lo que había escuchado era cierto, el sultán se inclinó ante el derviche.

El sediento y el muro

En un jardín rodeado de altos muros había una fuente; en lo alto del muro un hombre enfermo de sed miraba con gran deseo el agua.  De repente quitó un ladrillo de adobe del muro y lo tiró a la fuente.  El sonido que hizo al caer en el agua llegó a sus oídos como si fuera la voz del dulce y bello compañero, y el agua le pareció que era vino. El placer que produjo este sonido en el hombre fue tal, que más y más rápido extraía ladrillos y los tiraba al agua.
El agua dio un chillido: “Ay ¿por qué me arrojas ladrillos? ¿Qué ganas con ello?” El hombre sediento le respondió: “¡Oh dulcísima agua! dos beneficios hay en esta acción:  en primer lugar, para el que está sediento el escuchar el sonido del agua es como escuchar la música de la lira, su melodía regala vida, al muerto lo revive; es como el sonido de la tormenta primaveral para el jardín de hierba y narcisos; el sonido del agua es como la limosna para el pobre; el anuncio de la libertad para el preso;  es el perfume de Dios que desde el Yemen llegó a Muhammad;  el perfume del puro y bello José que en sus vestidos reconoció su padre Jacob. Y el segundo beneficio es éste: yo cada vez que lanzo un ladrillo a la dulce agua, más cerca de ella estoy, pues el muro se rebaja".”

Doblarse y postrarse ante Dios es como extraer los ladrillos: cada vez que quitas un ladrillo de orgullo, tu muro de soberbia se rebaja y te acercas más al agua de la vida y de la verdad.  Cuanto más sediento se está, más rápido se extraen los ladrillos y cuanto más se está enamorado de la melodía del agua, ladrillos más grandes se sacan.

Tres consejos

En el nombre de Allah, Clemente y Misericordioso.
Una pareja de recién casados era muy pobre y vivía de los favores de un pueblito del interior. Un día el marido le hizo la siguiente propuesta a su esposa: Querida yo voy a salir de la casa, voy a viajar bien lejos, buscar un empleo y trabajar hasta tener condiciones para regresar y darte una vida más cómoda y digna. No sé cuánto tiempo voy a estar lejos, solo te pido una cosa, que me esperes y mientras yo esté lejos, seas fiel a mí, pues yo te seré fiel a ti.   “Así, siendo joven aun”


Caminó muchos días a pie, hasta encontrar un hacendado que estaba necesitando de alguien para ayudarlo en su hacienda.


El joven llego y se ofreció para trabajar y fue aceptado.
Pidió hacer un trato con su jefe, el cual fue aceptado también. El pacto fue el siguiente:


'Déjeme trabajar por el tiempo que yo quiera y cuando yo encuentre que debo irme, el señor me libera de mis obligaciones:
Yo no quiero recibir mi salario. Le pido al señor que lo coloque en una cuenta de ahorro hasta el día en que me vaya. El día que yo salga usted me dará el dinero que yo haya ganado. Estando ambos de acuerdo.
Aquel joven trabajó durante 20 años, sin vacaciones y sin descanso.


Después de veinte años se acercó a su patrón y le dijo:
Patrón, yo quiero mi dinero, pues quiero regresar a mi casa.
El patrón le respondió: Muy bien, hicimos un pacto y voy a cumplirlo, solo que antes quiero hacerte una propuesta, ¿está bien?
Yo te doy tu dinero y tú te vas, o te doy tres consejos y no te doy el dinero y te vas. Si yo te doy el dinero, no te doy los consejos y viceversa. Vete a tu cuarto, piénsalo y después me das la respuesta.
Él pensó durante dos días, buscó al patrón y le dijo:
Quiero los tres consejos.
El patrón le recordó: 'Si te doy los consejos, no te doy el dinero.'
Y el empleado respondió: 'Quiero los consejos'
EL patrón entonces le aconsejo:


Nunca tomes atajos en tu vida. Caminos más cortos y desconocidos te pueden costar la vida.
 Nunca seas curioso de aquello que represente el mal, pues la curiosidad por el mal, puede ser fatal.
Nunca tomes decisiones en momentos de odio y dolor, pues puedes arrepentirte demasiado tarde.
Después de darle los consejos, el patrón le dijo al joven, que ya no era tan joven, así:'Aquí tienes tres panes, dos para comer durante en viaje y el tercero es para comer con tu esposa cuando llegues a tu casa.'
El hombre entonces, siguió su camino de vuelta, de veinte años lejos de su casa y de su esposa que el tanto amaba.
Después del primer día de viaje, encontró una persona que lo saludo y le pregunto: ¿Para dónde vas?
Él le respondió: 'Voy para un camino muy distante que queda a más de veinte días de caminata por esta carretera.
La persona le dijo entonces: 'Joven, este camino es muy largo, yo conozco un atajo con el cual llegaras en pocos días'.
El joven contento, comenzó a caminar por el atajo, cuando se acordó del primer consejo, 'NUNCA TOMES ATAJOS EN TU VIDA. Caminos más cortos y desconocidos te pueden costar la vida.'
Entonces se alejó de aquel atajo y volvió a seguir por el camino normal.
Dos días después se enteró de otro viajero que había tomado el atajo, y lo asaltaron, lo golpearon, y le robaron toda su ropa. Ese atajo llevaba a una emboscada.
Después de algunos días de viaje, y cansado al extremo, encontró una pensión a la vera de la carretera.
Era muy tarde en la noche y parecía que todos dormían, pero una mujer mal encarada le abrió la puerta y lo atendió, Como estaba tan cansado, tan solo le pagó la tarifa del día sin preguntar nada, y después de tomar un baño se acostó a dormir. De madrugada se levantó asustado al escuchar un grito aterrador. Se puso de pie de un salto y se dirigió hasta la puerta para ir hacia donde escuchó el grito. Cuando estaba abriendo la puerta, se acordó del segundo consejo. 'Nunca seas curioso de aquello que represente el mal pues la curiosidad por el mal puede ser fatal.


Regresó y se acostó a dormir. Al amanecer, después de tomar café, el dueño de la posada le pregunto si no había escuchado un grito y él le contesto que si lo había escuchado.
El dueño de la posada le preguntó: Y no sintió curiosidad?
Él le contesto que no.
A lo que el dueño les respondió: Usted ha tenido suerte en salir vivo de aquí, pues en las noches nos acecha una mujer maleante con crisis de locura, que grita horriblemente y cuando el huésped sale a enterarse de qué está pasando, lo mata, lo entierra en el quintal, y luego se esfuma.
El joven siguió su larga jornada, ansioso por llegar a su casa.
Después de muchos días y noches de caminata, ya al atardecer, vio entre los árboles humo saliendo de la chimenea de su pequeña casa, caminó y vio entre los arbustos la silueta de su esposa.
Estaba anocheciendo, pero alcanzó a ver que ella no estaba sola. Anduvo un poco más y vio que ella tenía en sus piernas, un hombre al que estaba acariciando los cabellos. Cuando vio aquella escena, su corazón se llenó de odio y amargura y decidió correr al encuentro de los dos y matarlos sin piedad.
 Respiro profundo, apresuro sus pasos, cuando recordó el tercer consejo.

'NUNCA TOMES DECISIONES EN MOMENTOS DE ODIO Y DOLOR, pues puedes arrepentirte demasiado tarde'

Entonces se paró y reflexionó, decidió dormir ahí mismo aquella noche y al día siguiente tomar una decisión. Al amanecer ya con la cabeza fría, él dijo: 'no voy a matar a mi esposa'.
Voy a volver con mi patrón y a pedirle que me acepte de vuelta. Solo que antes, quiero decirle a mi esposa que siempre le fui fiel a ella.
Se dirigió a la puerta de la casa y tocó. Cuando la esposa le abre la puerta y lo reconoce, se cuelga de su cuello y lo abraza afectuosamente.
El trata de quitársela de arriba, pero no lo consigue.
Entonces con lágrimas en los ojos le dice: 'Yo te fui fiel y tú me traicionaste...
Ella espantada le responde: ¿Cómo? yo nunca te traicioné, te esperé durante veinte años.
El entonces le preguntó: ¿Y quién era ese hombre que acariciabas ayer por la tarde?
Y ella le contesto: aquel hombre es nuestro hijo.
Cuando te fuiste, descubrí que estaba embarazada. Hoy él tiene veinte años de edad.
Entonces el marido entró, conoció, abrazó a su hijo y les contó toda su historia, en cuanto su esposa preparaba la cena.  Se sentaron a comer el último pan juntos.
Después de la oración de agradecimiento,  con lágrimas de emoción, él partió el pan y al abrirlo, se encontró todo su dinero, el pago de sus veinte años de dedicación.

Nasredin y las dos espadas

El Mulâ Hodja Nasreddín emprendió en cierta ocasión un largo viaje. En la travesía tenía que cruzar algunos territorios donde los bandidos campaban a sus anchas, razón por la cual llevó consigo un par de afiladas espadas, a fin de protegerse. El caso es que un buen día pasó lo peor y un malvado ladrón se interpuso en el camino del Mol·lâ amenazándolo con un bastón. Ni que decir tiene que nuestro hombre recibió una paliza soberana de manos de aquel granuja, que además lo desplumó. Ya de regreso a casa, cuando el Mol·lâ les explicó lo sucedido a los suyos, un amigo le preguntó cómo pudo ser que un hombre sólo armado con un bastón pudiese asaltarle a él que llevaba dos espadas para
defenderse, a lo que el Mol·lâ respondió encogiéndose de hombros:
" Bueno, si, es cierto, pero no pude defenderme bien justamente porque tenia las manos ocupadas sosteniendo las dos espadas".
A veces, nuestro supuesto 'conocimiento espiritual' es más un impedimento, por su inutilidad e ineficacia transformadora, que un medio para iluminar nuestro ser y estar en el mundo. El conocimiento no es algo que se acumule para hacer bonito u ofrecer una imagen positiva de sí mismo. Una manta deja de ser una manta si ya no calienta. Cuando el conocimiento deja de ser operativo, ya no es conocimiento, sino mera información, una forma culta de perder el tiempo. ¿De qué vale entonces querer acumular más y más? Y es que si no vivimos de acuerdo al conocimiento que ya tenemos, ¡para qué queremos más

Sobre la amistad

"La amistad de un amigo sólo es perfecta, tanto en la buena fortuna como en la mala, cuando se halla al abrigo de cualquier flaqueza. Pero ¿Donde encontraré un amigo tan puro y sincero en este tiempo en que la amistad se ha convertido en un comercio del que se echa mano cuando la necesidad del negocio obliga a llamarlo y después se renuncia a su trato tras de haber despreciado aquella urgencia? Solo se visita a un amigo cuando tú has recibido la visita de la desgracia; no se recuerda a un amigo, salvo cualquier apremio nos devuelve la memoria.
Avicena.

Se quema tu choza

El único sobreviviente de un naufragio llegó a la playa de una diminuta y deshabitada isla. Pidió fervientemente a Dios ser rescatado, y cada día escudriñaba el horizonte buscando ayuda, pero no parecía llegar. Cansado, finalmente optó por construirse una cabaña de madera para protegerse de los elementos y almacenar sus pocas pertenencias. 

Entonces un día, tras de merodear por la isla en busca de alimento, regresó a su casa para encontrar su cabañita envuelta en llamas, con el humo ascendiendo hasta el cielo. Lo peor había ocurrido, lo había perdido todo. Quedó anonadado de tristeza y rabia:
- "Dios, Como pudiste hacerme esto?" -se lamentó. 

Sin embargo, al día siguiente fue despertado por el sonido de un barco que se acercaba a la isla. Habían venido a rescatarlo:
- "¿Cómo supieron que estaba aquí?" -preguntó el hombre a sus salvadores.
- "Vimos su señal de humo" -contestaron ellos. 
Es fácil descorazonarse cuando las cosas marchan mal, pero no debemos desanimarnos porque Dios trabaja en nuestras vidas aún en medio del dolor y el sufrimiento. Recuerda la próxima vez que tu cabaña se vuelva humo, puede ser la señal de que la ayuda y gracia de Dios viene en camino. 

El sembrador de dátiles

El que solo piensa para sí mismo reduce su horizonte, cierra su camino y obstruye el flujo de la abundancia.

un anciano se encontraba en un oasis afanado en hacer un pozo en la arena cerca de unas palmeras de dátiles, arrodillado y con gran esfuerzo, y agobiado por el intenso calor del desierto. Un rico mercader se detuvo en ese oasis a descansar y dar de beber a sus camellos, y pudo observar como ese hombre, viejo y sudoroso cavaba con entusiasmo. No pudo evitar la curiosidad y le pregunto qué estaba haciendo.

El anciano le contestó que estaba sembrando dátiles. Al viajero le pareció un disparate y pensó que el calor había trastornado al viejo; por esa razón lo invitó a tomar algo en la posada. Pero el hombre no aceptó su invitación porque debía terminar su siembra. Cuando le preguntó qué edad tenía ni siquiera pudo recordarla, tal vez más de ochenta le dijo. Entonces el acaudalado comerciante no pudo evitar señalarle que difícilmente llegara a cosechar algo de su siembra, ya que una palmera de dátiles demora unos cincuenta años en dar sus frutos; y le insistió para que lo acompañara a tomar una copa. El viejo lo miró y le dijo que todos los dátiles que había comido hasta ese momento también eran de palmeras que habían plantado otros, que tampoco habían soñado con llegar a probarlos; y que él no sembraba para él sino para que otros pudieran comer en el futuro los dátiles de la palmera que él estaba plantando, y aunque sólo fuera en agradecimiento de aquellos desconocidos que trabajaron para él, está sola razón merecía que terminara su tarea. Conmovido por la respuesta, el adinerado hombre de negocios sacó una bolsa de monedas de oro y recompensó al hombre por su enseñanza.
El viejo le agradeció señalándole al mismo tiempo que era verdad que no llegaría a cosechar lo que sembraba, pero en cambio había obtenido una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo. El rico mercader quedó asombrado por tanta sabiduría y le regaló otra bolsa igual repleta de monedas de oro para demostrarle nuevamente su profundo agradecimiento. El anciano le mostró al viajero que así como él se comportaba era la vida. Él había sembrado para no cosechar, sin pensar en sí mismo; y antes de terminar ya había recibido frutos no sólo una vez sino dos veces, sin contar con los dátiles que se obtendrían en el futuro cuando las palmeras que él sembrara crecieran para las próximas generaciones. El hombre, quedó admirado por lo que había aprendido y le rogó al anciano que no le brindara más enseñanzas porque toda su cuantiosa fortuna no sería suficiente para recompensarlo.
.. que el dinero sirve para comprar cosas útiles pero que la sabiduría es valiosa y todo el dinero del mundo no alcanza para pagarla
…que el que solo piensa para sí mismo reduce su horizonte, cierra su camino y obstruye el flujo de la abundancia
…que el hombre tiene capacidad para dar vida y para crear lo inimaginable más allá de él mismo; y su caudal de sabiduría sólo se agota cuando piensa en términos de su propio ego, que es limitado y finito.

El maestro y el loro

Había un maestro que enseñaba a sus discípulos el credo, que en árabe se conoce como "la aqida".
Les educaba en la unicidad de Dios y les explicaba el verdadero significado de esta afirmación.
Un día un discípulo regaló a su maestro un loro.  Al maestro le gustaba tener pájaros y gatos.  Con el tiempo el maestro empezó a querer al loro. Lo traía a las clases e incluso le enseñó la pronunciación de la frase: "No hay deidad sino El Dios". El loro la pronunciaba día y noche...
Un día los alumnos encontraron a su maestro llorando a mares. Cuando le preguntaron que le pasaba, éste les contestó: -Un gato mató al loro.
-¡Por eso lloras! Le dijeron. Si así lo deseas, te traemos otro y que sea mejor que el primero.
El maestro dijo: No lloro por eso. Estoy llorando porque cuando el gato atacó al loro, el loro gritaba y gritaba hasta que murió, a pesar de que desde que le enseñé a pronunciar “la ilaha illa Allah” (No hay deidad sino El Dios), no ha dejado de pronunciarla día y noche, sin embargo cuando el gato le atacó, se lo olvidó de pronunciarla. Solo gritaba y gritaba hasta que murió. ¡Cuando le enseñé a pronunciarla, le enseñé a decirla con su boca, no con su corazón, para que pudiera sentirla!
A continuación, el maestro dijo: Tengo miedo de que seamos como este loro. Vivimos nuestras vidas repitiendo “la ilaha illa Allah” con nuestra lengua, pero cuando la muerte nos llegue... Espero que no la olvidemos y seamos capaces de recordarla, porque nuestros corazones no lo conocen y no lo sienten en su totalidad.
Así que los discípulos lloraron por temor a la falta de honestidad en sus actos y en sus palabras.
¿Y nosotros, hemos aprendido “la ilaha illa Allah” con el corazón ? ¿O solo con la lengua?
No se elevó al cielo una cosa más grande que la sinceridad en nuestros actos, y no baja a la tierra una cosa mayor que la ayuda de Allah hacia sus siervos. Según sea la sinceridad y la honestidad de nuestros actos, será la ayuda de Allah.
¡Oh Allah, haz que seamos sinceros y honestos con nosotros mismos y con la gente y contigo tanto en palabras como en hechos!
Amin.