Friday, February 10, 2017

Los moriscos de la Sierra del Segura

En la sierra del Segura se mantiene el recuerdo de descendientes de moriscos que practicaban costumbres musulmanas
Andalusíes - 24/12/2006 21:32 | La Vanguardia

Fuente: La Vanguardia

Pueblo de la Sierra del Segura
Juan López González se postraba de rodillas mirando al este y tocaba repetidamente con la frente en el suelo. Al sol le llamaba a veces Mahoma. A menudo recitaba unas salmodias incomprensibles con un libro viejísimo en las manos, con tapas negras de madera, que escondía dentro de una talega en una viga. En Semana Santa, cuando por el pueblo desfilaban procesiones, él no probaba ningún alimento mientras hubiese luz natural. Esos días, colocaba un plato vuelto del revés en el umbral de la puerta de su cortijo: Un día que un vecino le preguntó por qué lo hacía, respondió ruborizado que era para que el plato se secase. "Es que estaba muerto de miedo, siempre se escondía y me pedía a mí que no contase nada de lo que le veía hacer -explica hoy su hija Venerada-; él y su hermano salían a rezar al campo, para que nadie les viese". Antes de comer, inclinaba la cabeza y susurraba una salmodia en la que repetía mucho Alá. Tenía expresiones propias: decía arua jimena (ven aquí) jarria (mierda), quém (perro)... "Es nuestra tradición -me contaba-pero eso no debes decirlo fuera de casa".

Juan López murió en 1986, cuando Vene, así la llama todo el mundo-contaba 31 años. Ella se fue entonces a trabajar a Francia. En su pueblo, Riópar, inmerso en la Sierra del Segura, se pasaban tiempos de estrechez. La mujer se llevó una sorpresa mayúscula en su lugar de trabajo cuando oyó que un compañero marroquí le decía arua jimena, como su padre. El marroquí le enseñó un Corán y Vene lo asoció inmediatamente con el librote que su padre bajaba con una pértiga de la viga. Llena de curiosidad, buscó el texto en español y comprobó que allí se citaban las uríes, otra palabra de su padre. Vene duda de que su progenitor entendiese gran cosa: "Se ponía las gafas y lo abría, pero yo le preguntaba cosas de él .y no sabía responderlas".

Vene vive hoy en el cortijo de su padre, llamado Martínez Campos porque, dicen, fue del general. Su progenitor había nacido en él. El padre de él era de Bogarra, un lugar vecino. Su bisabuelo procedía de Las Casicas del Segura, otra aldea cercana. A pesar de éste pedigrí, su padre y su abuelo decían siempre que la familia era "de Granada", Y cuando precisaban más, de las Alpujarras y de Motril. Sin embargo se trataba de una especie de me memoria ancestral, porque no había constancia de qué antepasados se habían trasladado hasta la Sierra del Segura. Esa memoria también había transportado a través de los siglos el recuerdo de Abén Humeya, "que era nuestro rey, un santo varón, un gran hombre", en palabras del padre.

Juan López fue quizás el último, pe¬o no el único. Aurelio Amores, que nació en 1918, recuerda que en su juventud los más mayores de Riópar Viejo (el núcleo original del pueblo), donde él vivía, "adoraban al sol" al amanecer. "Se asomaban a los riscos de levante y se hincaban de rodillas y hacían reverencias", asegura. "No eran pocos; había, al menos, una docena", y repetían jati mali. Aurelio tiene bien claro porqué los viejos ejecutaban este ritual: "Era su religión, adoraban al sol como nosotros lo hacemos con Jesucristo". En ningún momento se le ocurre vincular estos actos con el islam, del que él no tiene noticias. Dos generaciones anteriores a la suya estas prácticas estaban generalizadas en su vallé. "Mis abuelos me contaban que cuando ellos eran jóvenes había muchos viejos que se postraban mirando al levante varias veces al día", explica.

Riópar está situado en el sur de la provincia de Albacete, tocando a la de Jaén, en un valle cerrado al que sólo puede accederse a través de tres puertos situados entre los 1.100 y los 1.400 metros de altitud, nevados en invierno: "Hasta hace muy poco esto estaba perdido de la mano de Dios", explica Juan Valero Valdelvira, un empresario de 50 años que tiene una empresa de producción de maderas nobles. "Cuando yo era pequeño aún no había carreteras y la población vivía en cortijos diseminados por el monte; está claro qué aquí no llegó la inquisición y en el momento de la expulsión en 1609 los musulmanes nativos no fueron molestados".

El padre de Juan Valero era matarife y él le acompañaba por los cortijos de la sierra a hacer su trabajo. “Estuviera donde estuviera la casa siempre situaban la mesa de la matanza encarada al este, con una desviación de cinco grados hacia el sur, exactamente la dirección de La Meca. Yo me di cuenta de eso hace diez años y pregunté a diferentes cortijeros porqué ponían la mesa en esa posición. La respuesta invariable era que siempre había puesto así".

Valero cuenta que las costumbres de su abuelo eran de musulmán, por su austeridad, por su visión de la vida…aunque él mismo no lo sabía. Él le llamaba "hermano", un apelativo que se daba a la gente mayor y respetada, como se hace en árabe. Su abuelo que no se movió nunca del pueblo hablaba siempre con nostalgia de Granada e indicaba el camino por el que se va a la vieja capital nazarí. Él todavía celebraba la vieja costumbre moruna de dar de comer a los animales lo mismo que a las personas un día al año, y para matar una bestia pedía permiso a las alturas. Pensaba, como hoy todos los viejos del valle, que una mujer no puede subir a un árbol cuando menstrúa, porque éste se secará según anuncia el Corán.

Indumentarias características

En las familias de tradición musulmana aún hay recuerdos de la indumentaria característica. Vene había oído en casa que el abuelo de su albuelo llevaba siempre "una bata" encima de los pantalones y la camisa, "una chilaba”. Su abuelo le contaba que iba a trabajar al campo con ella. El último de Riópar en llevar bata fue el llamado tío Sayas por su atuendo. Murió en 1971 y su recuerdo sigue muy vivo. "Dicen que llevaba la saya porque tenía incontinencia urinaria, pero es obvio que él no 1a había improvisado"; comenta Juan Valero. Su propio bisabuelo llevaba un pañuelo envuelto en la cabeza; "al estilo morisco".

La madre de Juan Valero, Aurora Valdelvira, todavía sabe anudar el pañuelo de esa manera y tiene recuerdos también de una persona que se arrodillaba y hacía reverencias: "Yo veía hacer eso a un labrador, Lorenzo Castillo Peinado, hará unos sesenta años. Dejaba el tiro del arado a un lado y se agachaba y se levantaba en dirección al Collado de la Rambla, -la dirección de La Meca-. ¿Qué hace éste?, me preguntaba yo".

Aurora coincide con su hijo en que su suegro "tenía muchas cosas de moro". Recuerda su petición de mano y su boda, en que los padres del novio adornaron caballerías con colchas de cama y fueron hasta su cortijo, donde se hizo una fiesta con vino azucarado y dulces. A ella le pusieron un delantal y todos le tiraban dinero en él. Cuando murió la hermana de su padre la amortajaron de blanco y le pusieron un ramo de flores en las manos, y la velaron durante toda la noche. Juan Valero explica que casi todas estas costumbres y muchas otras de Riópar se ven reflejadas en el libro de Gerald Brenan "Al sur de Granada". El escritor inglés vivió en la década de 1920 en un pueblo de Las Alpujarras, Yegen, y describió el carácter y las costumbres de sus gentes.

La cocina es otro elemento muy particular en las familias tradicionales de Riópar. El padre de Vene preparaba cuscus ("él lo llamaba así"), con cordero, patatas, garbanzos Y harina tostada, con un sofrito de cebolla, tomate y perejil. Pero lo que más recuerda son las almujábenas, unos dulces que se hacen en distintos lugares, que su padre enseñó a preparar a su madre -que no compartía sus tradiciones- y que se comían durante la Semana Santa, con harina, huevos, agua y azúcar. Aurora Valdelvira prepara, por su parte, nuégadas, unas bolas he¬chas con nuez y azúcar tostado.

El padre, cuyo oficio era resinero de monte y apenas salió de Riópar, decía a Vene que los árabes gustaban mucho de los dulces y que los hacían con miel. Luego de muchos años, ella ha vuelto a preparar almujábenas y otra repostería de la que se hacía en su casa, y ha empezado a servirla a sus huéspedes, porque, tiene habitaciones, de turismo rural.

Cuando Juan López y su hermano ayunaban por Semana Santa, hacían un preparado con harina, que comían antes del amanecer y al anochecer, pero Vene no sabe exactamente qué era. En esos días no fumaban ni tomaban vino. Su padre también comía cerdo aunque a menudo comentaba que no debería hacerlo: Juan Valero explica que el cerdo es fundamental en la alimentación del valle "pero le añaden tantas especias y lo hacen hervir tanto que su sabor queda totalmente desfigurado; el embutido se conserva en aceite de oliva o se mezcla con arroz y piñones". El padre de Juan mataba cerdos, pero en su casa jamás se probó una morcilla; ése embutido era tabú. Vene explica que una tarta hecha con manteca de cerdo tradicional en Riópar en su casa se hacía siempre con manteca de vaca.

“Mahoma debe estar radiante”

Vene tuvo que hacer la comunión como todas los niños del pueblo y su padre se llevó un disgusto; "él jamás entraba en la iglesia". "Mi madre insistió en que la hiciera porque `”si no, nos iban a señalar”, pero yo fui la única que no fue a la catequesis". Con el matrimonio, muerto ya Franco, ya no tuvieron reparos. "Yo no me casé por Iglesia: mi padre no quería", explica. Aunque sí tuvo una pequeña ceremonia casera: Su progenitor hizo unas señas con la mano delante de ella y le dijo: "Salte de la casa y echa el pie derecho hacia delante, y ya serás para él el resto de la vida". Antes le había a advertido: "No te has de casar un día de lluvia o nublado, tiene que estar el cielo claro; Mahoma debe estar radiante”.

Juan López explicaba a su hija que su identidad era postiza. "Nosotros venimos de la raza de los Caravavantes y de los Navalón; perdimos el nombre y nos pusieron otro". En este sentido, Juan Valero tiene muy claro de dónde vienen muchos de los apellidos del valle y la trayectoria que han seguido. "Mi segundo apellido, Valdelvira, es bab elvira (puerta bella) -es famosa la de Granada-, y los que se llamaban así jamás fueron bautizados, lo mismo que los Banegas a los Alarcón, es decir, nunca hicieron la conversión oficial al cristianismo, y eso se sabe en las familias". En Riópar se han conservado también algunos términos árabes particulares –Valero ha recogido más de 200- como aljuma (hoja de pino) y estar en fárfaras (sin vigor).

Un tonillo característico

El pueblo murciano de Albudeite es quizás el único lugar del antiguo Al Andalus donde ha permanecido el acento propio de los árabes. Sus habitantes conservan una cantinela peculiar que llaman tonillo y, además, no usan el pretérito indefinido (no dicen, por ejemplo, “he estado  ”sino  “estuve”), un tiempo verbal inexistente en la lengua árabe de sus antepasados. El alcalde la población, Joaquín Martínez, explica que en la tradición local se ha conservado que “vienen de moros” y, por supuesto, en los pueblos vecinos se han encargadote recordárselo con motes y chirigotas, en los cuales siempre figura el mismo gentilicio: moro. La memoria popular vino a confirmarse cuando el historiador Juan González Castaño dio con un documento que probaba que Albudeite fue respetado en la expulsión general de los moriscos. “No se sabe por qué razón, pero la cuestión es que aquí se quedó el pueblo entero”, explica el estudioso, que especifica que esto no sucedió en ningún otro lugar de la Península.

Murcia fue el último lugar en expulsar a sus moriscos. La conquista se había producido en 1.252 y los descendientes de musulmanes estaban muy asimilados. Ello hizo que desde los estamentos del reino se mandaran súplicas a Felipe II para que les permitiera quedarse, porque la mayoría eran católicos practicantes y tenían buena vecindad con los llamados cristianos viejos. Por esta razón, la expulsión general de 1.609 y 1.610 los respetó, pero el rey, presionado por una parte de los intransigentes del Consejo Real y, de otra, por los defensores de los moriscos, mandó en 1.612 a un dominico (la orden de la Inquisición), Juan de Pereda, para que informara sobre la conducta de los descendientes de musulmanes. El fraile recorrió durante dos meses muchos de los pueblos donde había mudéjares y entrevistó a centenares de personas. Comenzó en el Valle de Ricote (1), poblado casi enteramente por antiguos musulmanes (Cervantes llama, justamente, Ricote al morisco que aparece en el Quijote), y siguió el curso del Segura hasta Murcia. El dominico contabiliza que en Albudeite había 312 mudéjares y sólo seis cristianos viejos. El fraile señala tonillo en los habitantes de Priego –“donde hay 935 mudéjares y 59 cristianos viejos”-, Fortuna –“684 mudéjares y 54 cristianos viejos”-; “en este lugar se conoce algo más el tonillo de moriscos y también retienen el modo de llorar a los muertos” (otro signo musulmán) y en el Valle de Ricote encuentra el tonillo en todos los pueblos. Concretamente en Ricote y en Ojós “dicese desta gente que tienen más tonillo que otros y que en el comer tocino se excusan más que en otras partes”. A pesar de estas reminiscencias, el dominico concluyó que “a mi parecer hay bastantisimo testimonio para darlos por buenos cristianos y fieles vasallos de Su Majestad”. Con todo, los moriscos murcianos fueron expulsados a principios de 1.614. Juan González Castaño, que ha publicado el informe de Juan de Pereda explica que “muchos se quedaron camuflados; otros, protegidos por señores y convecinos; otros profesando en conventos deprisa y corriendo…y otros volvieron al cabo del tiempo y reclamaron sus tierras y demás posesiones”. Una mayoría se refugió en el reino de Valencia y luego regresaron a Murcia, donde un informe de agosto de 1.615 explicaba que “hay tantos que parece que no se ha hecho la expulsión”. Esto fue general en todos los reinos peninsulares, donde, sumados a los convertidos de antiguo, se quedaron muchos más de los que se fueron.

En lugares como las Alpujarras, Gerald Brenan constató que a principios del siglo XX conservaban muchas de sus viejas tradiciones.



Wednesday, February 08, 2017

Moriscos de Hornachos y República de Rabat

Moriscos de Hornachos y República de Rabat

 
Los moriscos hornaceros, constituyeron una comunidad que aportó aspectos muy importantes a la historia de España de hace 400 años, cuyo IV Centenario ahora se conmemora.
 


Los moriscos procedentes de la población extremeña de Hornachos llegaron en su mayoría en 1610 a Rabat, aun cuando otros en menor número lo hicieron también en las poblaciones marroquíes de Tetuán, Tánger, Fez, Chauen, etc.. Y se asentaron en la margen izquierda del río Bou Regreg, que pasa por Rabat, entonces llamada Salé la Nueva, para diferenciarla de la otra ribera del río llamada Salé la Vieja que ocupaba la margen derecha del río, que es sinuoso de orillas arenosas y aguas peligrosas que hacían difícil su navegación, y que estaba formada por antiguos musulmanes autóctonos del antiguo Marruecos, entonces llamado Berbería. Gran parte de ellos no eran árabes, sino bereberes o berberiscos.
Todavía hoy, la población llamada de Salé conserva su diferenciada personalidad con la de Rabat, pese a que un puente y la administración municipal las hayan unido.




 Estos antiguos habitantes rabatíes no vieron con buenos ojos la llegada en masa de los moriscos procedentes de España, sobre todo, porque estos últimos tenían ya distintas costumbres y tradiciones, las mujeres vivían de forma más liberal, tenían una cultura más moderna y avanzada y una forma distinta de vida; hablaban una especie de dialecto que ni era árabe ni español, sino una mezcla en muchos casos de ambos idiomas, mientras que los anteriores moradores de la actual capital marroquí eran bastante más conservadores y apegados a sus viejas y ancestrales costumbres; y, aun cuando ambas poblaciones practicaban la misma religión, la de los hornacheños era menos ortodoxa, no tan rígida y más abierta; de manera que los llegados de Extremadura no tardaron en entrar en colisión en sus relaciones con los antiguos habitantes de Rabat.
Los de Hornachos comenzaron por amurallar la antigua ciudadela situada en la parte de la Medina de Rabat, llamada la “Fortalesa”, viviendo así separados de los antiguos pobladores.





Las desavenencias entre ambas poblaciones se hicieron casi irreconciliables, hasta el punto de que en 1627 los originarios de Hornachos se declararon autónomos y hasta llegaron a proclamar la llamada República independiente de Salé, que lo fue durante varios años y hubo algunos países que la reconocieron, incluso habiendo nombrado embajadores en ella, como Inglaterra, Francia, Alemania y Holanda.
Y, dado que llegaron en masa y no disponían de otro medio de vida, pues no tuvieron más remedio que dedicarse a la piratería y al comercio, actuando como tales piratas en embarcaciones que llevaban a cabo sus hostilidades en el Estrecho de Gibraltar, en las costas de Ceuta, y también en el litoral de la Península más próximo, como Cádiz, Huelva, Málaga y Granada. Unas veces actuaban en grupo de embarcaciones dirigidas por sí mismos, y otras en connivencia con los turcos, que por entonces igualmente eran hostiles a España. Fue una pequeña república que desarrollaba su vida interior sin obedecer a los Sultanes; pero, finalmente, las autoridades marroquíes les hicieron ciertas concesiones de autonomía municipal y terminaron por acatar la autoridad del entonces Sultán de Marruecos, tras la llegada al poder de Muley Ismael, ya en pleno siglo XVIII.



El primer gobernador de la República independiente del Salé fue Brahim Vargas, famoso corsario que consiguió hacer muy rica y próspera aquella vieja ciudad de Rabat a base de dedicarse a la piratería y al comercio con España y otros países ribereños del Mediterráneo, para lo que llegó a disponer de una muy importante flota de galeones que era bastante temida incluso por las más importantes potencias navales de aquella época. Recién llegado de Hornachos a Rabat abrazaba la religión cristiana, pero luego se convirtió al islamismo. Sus descendientes son los actuales Bargasch de Rabat, que fue, y continúa siendo, una influyente familia de la capital marroquí. Su último ascendiente de Hornachos, al tiempo de la expulsión, fue también el último alcalde morisco que tuviera la citada localidad extremeña de la provincia de Badajoz.
Otra familia muy influyente que también gobernó Rabat fue la apellidada Naqsis. Igualmente, Tetuán fue, entre 1727 y 1912, una ciudad de lujo, cuna de hombres eminentes que llegaron a desempeñar los primeros puestos del Estado marroquí, fueron los Torres, Lucax, Medina, Erzini, Lebbadi, Salas, Aragón, Delero, Cegrí, Ercaina, Bennuna, Aljatib, Baeza, Requena, etc.



 Pero los hornacheños, no olvidaron nunca sus orígenes españoles, y hasta llegaron a acumular grandes fortunas en la vieja capital marroquí con la finalidad de poder algún día regresar a Extremadura, a su Hornachos natal, donde nacieron españoles, conservando muchos de ellos las llaves de las casas que cientos de años antes habían tenido que abandonar a la fuerza. Entre los apellidos moriscos que más destacaron en Rabat figuran los citados Vargas (Bargasch ahora por mutación), Chamorro, Tredambo, Al-Fajar, Zapata (ahora sebatta), Palambo, Torres, Peña, Chaves, Guevara, Lara, Mendoza, Crisebbo, Cortobi (Córdoba), Cuevas, Sierra, Mendoza, Marchina, Álvarez, Gómez del Castillo. En 1941, los descendientes de aquellos viejos moriscos españoles eran denominados por el Instituto de Altos Estudios Marroquíes como “Los que se distinguen de los hanifiin, porque son generalmente muy blancos de piel y tienen una fisonomía muy parecida a la europea; son muy limpios y muy urbanizados; sus casas suelen sor preciosas, sus mujeres son muy hábiles en bordados, y parecen tener un mayor grado de civilización”.





Hasta 1943 los gobernadores de Rabat eran todavía de origen morisco. Y, recién llegados de Hornachos, se solían distinguir porque sobre sus vestimentas llevaban una especie de bandolera cruzada al pecho y hasta la cintura, porque era un derecho que estando en España les había concedido a algunos el rey español Felipe V. Hace sólo unos años, creo que en 2003, aparecieron en Hornachos dos manuscritos del siglo XV empotrados secretamente en una pared al derruir una vieja vivienda, escritos en árabe, pero entremezclado con numerosas tendencias españolas. Son un devocionario islámico y un cuaderno de caligrafía árabe que utiliza textos coránicos, ambos sin autor conocido y aparecen escritos en dos tintas, de color negro para las consonantes, y de color rojo para las vocales. Tiene 234 páginas, la mayoría con seis líneas y bastante simétricas, hasta el punto de que los huecos que quedan al final de líneas se rellenan con algún dibujo. La Junta de Extremadura los guarda como preciosos tesoros o “joyas bibliográficas”,que recuerdan aquella época de los moriscos extremeños.





Había luego en Rabat otros moriscos que no eran procedentes de Hornachos, sino que fueron venidos de otros lugares de Andalucía, y de los que algunos también se ubicaron tras la expulsión en Fez y Tetuán. Y eran muy aficionados a la música.
Desde el siglo XV hasta el XX, no se concebía en buena parte de Marruecos ninguna fiesta pública ni privada en la que no tomaran parte los músicos andaluces, algunas de cuyas orquestas estaban subvencionadas por los propios Sultanes, porque se trataba de canciones tiernas y y apasionadas y cantos que encierran toda la poesía y la emoción de los jardines de Andalucía.; siendo creencia tradicional que cada “nuba” tiene relación con una pasión o estado de ánimo, destacando la canción llamada “Ya Assafi”, que encierra la melancolía de las puestas del sol vista desde la torre granadita de la Vela, y que comienza: “ Granada, Granada, de tu poderío ya no queda nada...”. La huella del pasado morisco de Rabat es todavía hoy visible en la larga muralla rojiza que cierra el lado sur de la Medina de Rabat. Se la conoce como la muralla de los andaluces, pero fue edificada por los moriscos extremeños llegados de Hornachos.




Los moriscos hornaceros, constituyeron una comunidad que aportó aspectos muy importantes a la historia de España de hace 400 años, cuyo IV Centenario ahora se conmemora. Se trata de dos poblaciones hermanas que por la fuerza quedaron separadas, los que se quedaron y los que fueron arrancados a la fuerza de Hornachos. Fueron echados de una tierra próspera, de unas huertas llenas de naranjos y limoneros que era lo que más le gustaba a los antiguos moriscos, las norias, el regadío, las huertas, la agricultura, las fuentes, los pilares, sus calles y las casas angostas de la parte alta de dicha población; de las que sus descendientes hoy todavía conservan la memoria y la nostalgia, por transmisión de padres a hijos, el recuerdo y el afecto de dos poblaciones segregadas debido al fanatismo religioso y a la intolerancia de aquella época, que nunca debió de darse por ninguna de las dos partes.

 



La muerte

Vivía en Bagdad un comerciante llamado Zaguir, hombre culto y juicioso. Tenía un joven sirviente Ahmed, a quien apreciaba mucho. Un día, mientras Ahmed paseaba por el mercado de tenderete en tenderete, se encontró con la muerte que le miraba de manera extraña. Asustado, echó a correr y no se detuvo hasta llegar a casa. Una vez allí le contó a su señor lo ocurrido y le pidió un caballo diciendo que se iría a Samarra, donde tenía unos parientes, para de ese modo escapar de la muerte. Zaguir no tuvo inconveniente en prestarle el caballo más veloz de su cuadra y se despidió diciéndole que si forzaba un poco la montura, podría llegar a Samarra esa misma noche.  Cuando Ahmed se hubo marchado, Zaguir se dirigió al mercado y al poco tiempo encontró a la muerte paseando por los bazares. - ¿Por qué has asustado a mi sirviente? -Preguntó a la muerte-. Tarde o temprano te lo vas a llevar, déjalo tranquilo mientras tanto. -No era mi intención asustarlo- se excusó ella, pero no pude ocultar la sorpresa que me causó verlo aquí, pues esta noche tengo una cita con él en Samarra.

La contradicción

Un discípulo preguntó a Hejasi: Quiero saber qué es lo más divertido de los seres humanos.
Hejasi contesto: Piensan siempre al contrario.
-Tienen prisa  por crecer, y después suspiran por la infancia perdida.
-Pierden la salud para tener dinero y después pierden  el dinero para tener salud.
-piensan tan ansiosamente en el futuro que descuidan el presente, y así, no viven ni el presente ni el futuro.

-Viven como si no fueran a morir nunca y mueren como si no hubiesen vivido.

La ira y la codicia

Una vez el sultán iba cabalgando por las calles de Estambul, rodeado de cortesanos y soldados. Todos los habitantes de la ciudad habían salido de sus casas para verle. Al pasar, todo el mundo le hacía una reverencia. Todos menos un derviche harapiento.
El sultán detuvo la procesión e hizo que trajeran al derviche ante él. Exigió saber por qué no se había inclinado como los demás.
El derviche contestó:
- Que toda esa gente se incline ante ti significa que todos ellos anhelan lo que tú tienes: dinero, poder, posición social. Gracias a Dios esas cosas ya no significan nada para mí. Así pues, ¿por qué habría de inclinarme ante ti, si tengo dos esclavos que son tus señores?
La muchedumbre contuvo la respiración y el sultán se puso blanco de cólera.
- ¿Qué quieres decir? - gritó.
- Mis dos esclavos, que son tus maestros, son la ira y la codicia - dijo el derviche tranquilamente.
Dándose cuenta de que lo que había escuchado era cierto, el sultán se inclinó ante el derviche.

El sediento y el muro

En un jardín rodeado de altos muros había una fuente; en lo alto del muro un hombre enfermo de sed miraba con gran deseo el agua.  De repente quitó un ladrillo de adobe del muro y lo tiró a la fuente.  El sonido que hizo al caer en el agua llegó a sus oídos como si fuera la voz del dulce y bello compañero, y el agua le pareció que era vino. El placer que produjo este sonido en el hombre fue tal, que más y más rápido extraía ladrillos y los tiraba al agua.
El agua dio un chillido: “Ay ¿por qué me arrojas ladrillos? ¿Qué ganas con ello?” El hombre sediento le respondió: “¡Oh dulcísima agua! dos beneficios hay en esta acción:  en primer lugar, para el que está sediento el escuchar el sonido del agua es como escuchar la música de la lira, su melodía regala vida, al muerto lo revive; es como el sonido de la tormenta primaveral para el jardín de hierba y narcisos; el sonido del agua es como la limosna para el pobre; el anuncio de la libertad para el preso;  es el perfume de Dios que desde el Yemen llegó a Muhammad;  el perfume del puro y bello José que en sus vestidos reconoció su padre Jacob. Y el segundo beneficio es éste: yo cada vez que lanzo un ladrillo a la dulce agua, más cerca de ella estoy, pues el muro se rebaja".”

Doblarse y postrarse ante Dios es como extraer los ladrillos: cada vez que quitas un ladrillo de orgullo, tu muro de soberbia se rebaja y te acercas más al agua de la vida y de la verdad.  Cuanto más sediento se está, más rápido se extraen los ladrillos y cuanto más se está enamorado de la melodía del agua, ladrillos más grandes se sacan.

Tres consejos

En el nombre de Allah, Clemente y Misericordioso.
Una pareja de recién casados era muy pobre y vivía de los favores de un pueblito del interior. Un día el marido le hizo la siguiente propuesta a su esposa: Querida yo voy a salir de la casa, voy a viajar bien lejos, buscar un empleo y trabajar hasta tener condiciones para regresar y darte una vida más cómoda y digna. No sé cuánto tiempo voy a estar lejos, solo te pido una cosa, que me esperes y mientras yo esté lejos, seas fiel a mí, pues yo te seré fiel a ti.   “Así, siendo joven aun”


Caminó muchos días a pie, hasta encontrar un hacendado que estaba necesitando de alguien para ayudarlo en su hacienda.


El joven llego y se ofreció para trabajar y fue aceptado.
Pidió hacer un trato con su jefe, el cual fue aceptado también. El pacto fue el siguiente:


'Déjeme trabajar por el tiempo que yo quiera y cuando yo encuentre que debo irme, el señor me libera de mis obligaciones:
Yo no quiero recibir mi salario. Le pido al señor que lo coloque en una cuenta de ahorro hasta el día en que me vaya. El día que yo salga usted me dará el dinero que yo haya ganado. Estando ambos de acuerdo.
Aquel joven trabajó durante 20 años, sin vacaciones y sin descanso.


Después de veinte años se acercó a su patrón y le dijo:
Patrón, yo quiero mi dinero, pues quiero regresar a mi casa.
El patrón le respondió: Muy bien, hicimos un pacto y voy a cumplirlo, solo que antes quiero hacerte una propuesta, ¿está bien?
Yo te doy tu dinero y tú te vas, o te doy tres consejos y no te doy el dinero y te vas. Si yo te doy el dinero, no te doy los consejos y viceversa. Vete a tu cuarto, piénsalo y después me das la respuesta.
Él pensó durante dos días, buscó al patrón y le dijo:
Quiero los tres consejos.
El patrón le recordó: 'Si te doy los consejos, no te doy el dinero.'
Y el empleado respondió: 'Quiero los consejos'
EL patrón entonces le aconsejo:


Nunca tomes atajos en tu vida. Caminos más cortos y desconocidos te pueden costar la vida.
 Nunca seas curioso de aquello que represente el mal, pues la curiosidad por el mal, puede ser fatal.
Nunca tomes decisiones en momentos de odio y dolor, pues puedes arrepentirte demasiado tarde.
Después de darle los consejos, el patrón le dijo al joven, que ya no era tan joven, así:'Aquí tienes tres panes, dos para comer durante en viaje y el tercero es para comer con tu esposa cuando llegues a tu casa.'
El hombre entonces, siguió su camino de vuelta, de veinte años lejos de su casa y de su esposa que el tanto amaba.
Después del primer día de viaje, encontró una persona que lo saludo y le pregunto: ¿Para dónde vas?
Él le respondió: 'Voy para un camino muy distante que queda a más de veinte días de caminata por esta carretera.
La persona le dijo entonces: 'Joven, este camino es muy largo, yo conozco un atajo con el cual llegaras en pocos días'.
El joven contento, comenzó a caminar por el atajo, cuando se acordó del primer consejo, 'NUNCA TOMES ATAJOS EN TU VIDA. Caminos más cortos y desconocidos te pueden costar la vida.'
Entonces se alejó de aquel atajo y volvió a seguir por el camino normal.
Dos días después se enteró de otro viajero que había tomado el atajo, y lo asaltaron, lo golpearon, y le robaron toda su ropa. Ese atajo llevaba a una emboscada.
Después de algunos días de viaje, y cansado al extremo, encontró una pensión a la vera de la carretera.
Era muy tarde en la noche y parecía que todos dormían, pero una mujer mal encarada le abrió la puerta y lo atendió, Como estaba tan cansado, tan solo le pagó la tarifa del día sin preguntar nada, y después de tomar un baño se acostó a dormir. De madrugada se levantó asustado al escuchar un grito aterrador. Se puso de pie de un salto y se dirigió hasta la puerta para ir hacia donde escuchó el grito. Cuando estaba abriendo la puerta, se acordó del segundo consejo. 'Nunca seas curioso de aquello que represente el mal pues la curiosidad por el mal puede ser fatal.


Regresó y se acostó a dormir. Al amanecer, después de tomar café, el dueño de la posada le pregunto si no había escuchado un grito y él le contesto que si lo había escuchado.
El dueño de la posada le preguntó: Y no sintió curiosidad?
Él le contesto que no.
A lo que el dueño les respondió: Usted ha tenido suerte en salir vivo de aquí, pues en las noches nos acecha una mujer maleante con crisis de locura, que grita horriblemente y cuando el huésped sale a enterarse de qué está pasando, lo mata, lo entierra en el quintal, y luego se esfuma.
El joven siguió su larga jornada, ansioso por llegar a su casa.
Después de muchos días y noches de caminata, ya al atardecer, vio entre los árboles humo saliendo de la chimenea de su pequeña casa, caminó y vio entre los arbustos la silueta de su esposa.
Estaba anocheciendo, pero alcanzó a ver que ella no estaba sola. Anduvo un poco más y vio que ella tenía en sus piernas, un hombre al que estaba acariciando los cabellos. Cuando vio aquella escena, su corazón se llenó de odio y amargura y decidió correr al encuentro de los dos y matarlos sin piedad.
 Respiro profundo, apresuro sus pasos, cuando recordó el tercer consejo.

'NUNCA TOMES DECISIONES EN MOMENTOS DE ODIO Y DOLOR, pues puedes arrepentirte demasiado tarde'

Entonces se paró y reflexionó, decidió dormir ahí mismo aquella noche y al día siguiente tomar una decisión. Al amanecer ya con la cabeza fría, él dijo: 'no voy a matar a mi esposa'.
Voy a volver con mi patrón y a pedirle que me acepte de vuelta. Solo que antes, quiero decirle a mi esposa que siempre le fui fiel a ella.
Se dirigió a la puerta de la casa y tocó. Cuando la esposa le abre la puerta y lo reconoce, se cuelga de su cuello y lo abraza afectuosamente.
El trata de quitársela de arriba, pero no lo consigue.
Entonces con lágrimas en los ojos le dice: 'Yo te fui fiel y tú me traicionaste...
Ella espantada le responde: ¿Cómo? yo nunca te traicioné, te esperé durante veinte años.
El entonces le preguntó: ¿Y quién era ese hombre que acariciabas ayer por la tarde?
Y ella le contesto: aquel hombre es nuestro hijo.
Cuando te fuiste, descubrí que estaba embarazada. Hoy él tiene veinte años de edad.
Entonces el marido entró, conoció, abrazó a su hijo y les contó toda su historia, en cuanto su esposa preparaba la cena.  Se sentaron a comer el último pan juntos.
Después de la oración de agradecimiento,  con lágrimas de emoción, él partió el pan y al abrirlo, se encontró todo su dinero, el pago de sus veinte años de dedicación.

Nasredin y las dos espadas

El Mulâ Hodja Nasreddín emprendió en cierta ocasión un largo viaje. En la travesía tenía que cruzar algunos territorios donde los bandidos campaban a sus anchas, razón por la cual llevó consigo un par de afiladas espadas, a fin de protegerse. El caso es que un buen día pasó lo peor y un malvado ladrón se interpuso en el camino del Mol·lâ amenazándolo con un bastón. Ni que decir tiene que nuestro hombre recibió una paliza soberana de manos de aquel granuja, que además lo desplumó. Ya de regreso a casa, cuando el Mol·lâ les explicó lo sucedido a los suyos, un amigo le preguntó cómo pudo ser que un hombre sólo armado con un bastón pudiese asaltarle a él que llevaba dos espadas para
defenderse, a lo que el Mol·lâ respondió encogiéndose de hombros:
" Bueno, si, es cierto, pero no pude defenderme bien justamente porque tenia las manos ocupadas sosteniendo las dos espadas".
A veces, nuestro supuesto 'conocimiento espiritual' es más un impedimento, por su inutilidad e ineficacia transformadora, que un medio para iluminar nuestro ser y estar en el mundo. El conocimiento no es algo que se acumule para hacer bonito u ofrecer una imagen positiva de sí mismo. Una manta deja de ser una manta si ya no calienta. Cuando el conocimiento deja de ser operativo, ya no es conocimiento, sino mera información, una forma culta de perder el tiempo. ¿De qué vale entonces querer acumular más y más? Y es que si no vivimos de acuerdo al conocimiento que ya tenemos, ¡para qué queremos más

Sobre la amistad

"La amistad de un amigo sólo es perfecta, tanto en la buena fortuna como en la mala, cuando se halla al abrigo de cualquier flaqueza. Pero ¿Donde encontraré un amigo tan puro y sincero en este tiempo en que la amistad se ha convertido en un comercio del que se echa mano cuando la necesidad del negocio obliga a llamarlo y después se renuncia a su trato tras de haber despreciado aquella urgencia? Solo se visita a un amigo cuando tú has recibido la visita de la desgracia; no se recuerda a un amigo, salvo cualquier apremio nos devuelve la memoria.
Avicena.

Se quema tu choza

El único sobreviviente de un naufragio llegó a la playa de una diminuta y deshabitada isla. Pidió fervientemente a Dios ser rescatado, y cada día escudriñaba el horizonte buscando ayuda, pero no parecía llegar. Cansado, finalmente optó por construirse una cabaña de madera para protegerse de los elementos y almacenar sus pocas pertenencias. 

Entonces un día, tras de merodear por la isla en busca de alimento, regresó a su casa para encontrar su cabañita envuelta en llamas, con el humo ascendiendo hasta el cielo. Lo peor había ocurrido, lo había perdido todo. Quedó anonadado de tristeza y rabia:
- "Dios, Como pudiste hacerme esto?" -se lamentó. 

Sin embargo, al día siguiente fue despertado por el sonido de un barco que se acercaba a la isla. Habían venido a rescatarlo:
- "¿Cómo supieron que estaba aquí?" -preguntó el hombre a sus salvadores.
- "Vimos su señal de humo" -contestaron ellos. 
Es fácil descorazonarse cuando las cosas marchan mal, pero no debemos desanimarnos porque Dios trabaja en nuestras vidas aún en medio del dolor y el sufrimiento. Recuerda la próxima vez que tu cabaña se vuelva humo, puede ser la señal de que la ayuda y gracia de Dios viene en camino. 

El sembrador de dátiles

El que solo piensa para sí mismo reduce su horizonte, cierra su camino y obstruye el flujo de la abundancia.

un anciano se encontraba en un oasis afanado en hacer un pozo en la arena cerca de unas palmeras de dátiles, arrodillado y con gran esfuerzo, y agobiado por el intenso calor del desierto. Un rico mercader se detuvo en ese oasis a descansar y dar de beber a sus camellos, y pudo observar como ese hombre, viejo y sudoroso cavaba con entusiasmo. No pudo evitar la curiosidad y le pregunto qué estaba haciendo.

El anciano le contestó que estaba sembrando dátiles. Al viajero le pareció un disparate y pensó que el calor había trastornado al viejo; por esa razón lo invitó a tomar algo en la posada. Pero el hombre no aceptó su invitación porque debía terminar su siembra. Cuando le preguntó qué edad tenía ni siquiera pudo recordarla, tal vez más de ochenta le dijo. Entonces el acaudalado comerciante no pudo evitar señalarle que difícilmente llegara a cosechar algo de su siembra, ya que una palmera de dátiles demora unos cincuenta años en dar sus frutos; y le insistió para que lo acompañara a tomar una copa. El viejo lo miró y le dijo que todos los dátiles que había comido hasta ese momento también eran de palmeras que habían plantado otros, que tampoco habían soñado con llegar a probarlos; y que él no sembraba para él sino para que otros pudieran comer en el futuro los dátiles de la palmera que él estaba plantando, y aunque sólo fuera en agradecimiento de aquellos desconocidos que trabajaron para él, está sola razón merecía que terminara su tarea. Conmovido por la respuesta, el adinerado hombre de negocios sacó una bolsa de monedas de oro y recompensó al hombre por su enseñanza.
El viejo le agradeció señalándole al mismo tiempo que era verdad que no llegaría a cosechar lo que sembraba, pero en cambio había obtenido una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo. El rico mercader quedó asombrado por tanta sabiduría y le regaló otra bolsa igual repleta de monedas de oro para demostrarle nuevamente su profundo agradecimiento. El anciano le mostró al viajero que así como él se comportaba era la vida. Él había sembrado para no cosechar, sin pensar en sí mismo; y antes de terminar ya había recibido frutos no sólo una vez sino dos veces, sin contar con los dátiles que se obtendrían en el futuro cuando las palmeras que él sembrara crecieran para las próximas generaciones. El hombre, quedó admirado por lo que había aprendido y le rogó al anciano que no le brindara más enseñanzas porque toda su cuantiosa fortuna no sería suficiente para recompensarlo.
.. que el dinero sirve para comprar cosas útiles pero que la sabiduría es valiosa y todo el dinero del mundo no alcanza para pagarla
…que el que solo piensa para sí mismo reduce su horizonte, cierra su camino y obstruye el flujo de la abundancia
…que el hombre tiene capacidad para dar vida y para crear lo inimaginable más allá de él mismo; y su caudal de sabiduría sólo se agota cuando piensa en términos de su propio ego, que es limitado y finito.

El maestro y el loro

Había un maestro que enseñaba a sus discípulos el credo, que en árabe se conoce como "la aqida".
Les educaba en la unicidad de Dios y les explicaba el verdadero significado de esta afirmación.
Un día un discípulo regaló a su maestro un loro.  Al maestro le gustaba tener pájaros y gatos.  Con el tiempo el maestro empezó a querer al loro. Lo traía a las clases e incluso le enseñó la pronunciación de la frase: "No hay deidad sino El Dios". El loro la pronunciaba día y noche...
Un día los alumnos encontraron a su maestro llorando a mares. Cuando le preguntaron que le pasaba, éste les contestó: -Un gato mató al loro.
-¡Por eso lloras! Le dijeron. Si así lo deseas, te traemos otro y que sea mejor que el primero.
El maestro dijo: No lloro por eso. Estoy llorando porque cuando el gato atacó al loro, el loro gritaba y gritaba hasta que murió, a pesar de que desde que le enseñé a pronunciar “la ilaha illa Allah” (No hay deidad sino El Dios), no ha dejado de pronunciarla día y noche, sin embargo cuando el gato le atacó, se lo olvidó de pronunciarla. Solo gritaba y gritaba hasta que murió. ¡Cuando le enseñé a pronunciarla, le enseñé a decirla con su boca, no con su corazón, para que pudiera sentirla!
A continuación, el maestro dijo: Tengo miedo de que seamos como este loro. Vivimos nuestras vidas repitiendo “la ilaha illa Allah” con nuestra lengua, pero cuando la muerte nos llegue... Espero que no la olvidemos y seamos capaces de recordarla, porque nuestros corazones no lo conocen y no lo sienten en su totalidad.
Así que los discípulos lloraron por temor a la falta de honestidad en sus actos y en sus palabras.
¿Y nosotros, hemos aprendido “la ilaha illa Allah” con el corazón ? ¿O solo con la lengua?
No se elevó al cielo una cosa más grande que la sinceridad en nuestros actos, y no baja a la tierra una cosa mayor que la ayuda de Allah hacia sus siervos. Según sea la sinceridad y la honestidad de nuestros actos, será la ayuda de Allah.
¡Oh Allah, haz que seamos sinceros y honestos con nosotros mismos y con la gente y contigo tanto en palabras como en hechos!
Amin.